Fin de la socialdemocracia. Solo queda populismo

Las elecciones que se han celebrado el pasado 4 de Mayo 2021 no sólo han dejado al Partido Popular de Isabel Díaz Ayuso en inmejorables condiciones para gobernar, nos ha mostrado la fragmentación de la izquierda, abandonada ya definitivamente al populismo gritón y despojada, gracias al asalto de Sánchez al PSOE y las vanidosas ínfulas de Pablo Iglesias – incapaz de asmir su compromisdo con sus votantes: se va, cobarde-, de cualquier cosa que se le parezca a la socialdemocracia del siglo pasado.

Las causas no son difíciles de identificar. La socialdemocracia es una construcción ideologica del siglo XIX. Pudo protagonizar algunos éxitos en el siglo XX, pero en el siglo XXI se muestra irremediablemente obsoleta. La razón es la desaparición paulatina de todas las circunstancias que una vez la hicieron fuerte. La experiencia colectiva de la guerra, la entonces todavía creciente, bien organizada y unida clase obrera y la presencia sombría y amenazante de la Unión Soviética – una amenaza a los mercados libres occidentales, temerosos de una revolución en casa y que arrancó del empresariado importantes concesiones  – forjaron el caldo de cultivo necesario para que las estructuras  capitalistas alcanzaran temporalmente compromisos históricos con los partidos socialdemócratas. Por otro lado y al mismo tiempo, la socialdemocracia  reconocía finalmente que la promesa de igualdad debía ser reformulada teniendo en cuenta los efectos de la desigualdad generados por una economía dinámica y no maniatada. Se concretó el marco moderno de las leyes redistributivas y nacen los «estados de bienestar social». La única variable resultante fué la relación entre  regulación y libertad económica; un modelo que los europeos han terminado por asumir como «de todos» (gracias también a décadas de invasión de los sistemas educativos) y que en manos de los conservadores convierte a éstos en no tan conservadores (recuerden las políticas económicas y fiscales del PP de Rajoy), provocando que la socialdemocracia pierda la exclusividad en una de sus  características elementales.

Hoy los partidos de izquierda pretenden ganar nuevo lustro redecorando sus programas con proclamas dedicadas a los movimientos de emancipación, al nuevo centro, al movimiento ecologista y la sostenibilidad, al feminismo post-feminista de la clase media intelectual, a los moralistas de la vida cotidiana predicadores de lo políticamente correcto – todos ellos pertenecientes a la sociedad acomodada.  Los principios de la socialdemocracia del siglo XIX o del siglo XX no se pueden aplicar a una generación que ya no los considera plausibles, por innecesarios. Los partidos de izquierdas son incapaces de alcanzar programáticamente a los votantes  del medio urbano, una sociedad más femenina y más educada, una generación que no se quiere organizar (ni quiere que la organicen), unos jóvenes cuyas necesidades elementales están más cerca del «necesito un trabajo», el bienestar individual y la perspectiva de poder alcanzar las metas personales que de la lucha de clases, obsoleta por ausencia de clases. De ahí que el populismo de izquierdas remate cualquier atisbo de aquella socialdemocracia inventando nuevas «clases», segregando en lugar de uniendo, excluyendo en nombre de la inclusividad. Ver a los mamporreros de esta nueva izquierda calificando a los votantes conservadores de analfabetos, taberneros, fiesteros … es apenas muestra de la decadente situación intelectual en que se encuentran los «referentes» de la post-socialdemocracia.

Hace unos años escribía Jose María Marco sobre la crisis de la socialdemocracia, que es la puerta por la que se ha colado el populismo bolivariano (La socialdemocracia en crisis). Y daba en el clavo:

El problema consiste más bien en que la perspectiva redistributiva que es la propia de la socialdemocracia tropieza con una realidad que los socialistas se niegan a tener en cuenta. Y es que hemos llegado al punto que la “redistribución” impide el crecimiento. ¿Qué se puede redistribuir si no se crece?

Cuando la matraca de la sostenibilidad y el cremiento cero caiga también a manos de esa misma relidad que describía Marco, la izquierda deberá reinventarse otra vez. O no, pues si les permitimos seguir aumentando cuotas de poder, nos convertirán a todos en pobres, como aquellos de finales del siglo XIX – o los de hoy en Venezuela o Cuba- y será necesaria una nueva revolución. Espero que esta vez sea de libertad y no de esclavos del partido.

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Luis I. Gómez
Si conseguimos actuar, pensar, sentir y querer ser quien soñamos ser habremos dado el primer paso de nuestra personal “guerra de autodeterminación”. Por esto es importante ser uno mismo quien cuide y atienda las propias necesidades. No limitarse a sentir los beneficios de la libertad, sino llenar los días de gestos que nos permitan experimentarla con otras personas.
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3 comentarios

  1. Pero hay algo más populista que la socialdemocracia? Esos ríos de leche y miel que corren por todas partes pero cuyo curso no consigo adivinar por dónde discurre.
    Esa socialdemocracia omnipresente en todas partes y que ha conseguido que los socialdemócratas (Ciudadanos) se tilden de liberales, los extremo centristas (PP) se digan liberal-conservadores y permite que liberales y conservadores (VOX) sean vistos por todos, incluidos los centristas, como peligrosísimos fascistas ansiosos de llevarnos a una dictadura cruel y tiránica.
    Hoy está todo tan corrido al rojo que partidos de extrema izquierda (el PSOE que ahora se ha quitado la careta) son los que se apellidan de socialdemócratas y los comunistas de pura cepa disfrazan sus intenciones con ropajes ecologistas e identitarios.
    No nos engañemos: desgraciadamente la socialdemocracia lo invade todo y ha corrompido el lenguaje político de tal forma que hoy en día decir que no comulgas con sus pesadas ruedas de molino te convierte automáticamente en fascista. (Que curiosamente no deja de ser una variante del socialismo)

  2. Los movimientos de emancipación a los que haces referencia son movimientos transversales que la izquierda intenta monopolizar. Esa es su estrategia y esa va a ser su ruina.

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