Apología de la frustración

imageYa era hora de que alguien relevante aclarase las cosas. El doctor Estivill, ése hombre gracias al cual miles de niños han conseguido dormirse a su hora y sin dar la lata cada dos por tres durante la noche, enseñando a miles de padres a suministrar dar pequeñas dosis de frustración a sus hijos a través de su libro “Duérmete niño”, hasta hacerlos tolerantes al displacer, acaba de hacer una afirmación trascendental en su nuevo libro: “Un niño debe ser educado en la frustración”.

Yo discrepo en el uso del concepto educación, pero estoy totalmente de acuerdo con el sentido de la frase. Pregunten a cualquiera sobre el asunto de la educación y se encontrarán con una definición diferente en cada persona, lo que deja abierta de par en par a la manipulación la puerta del cerebro humano. Hasta el punto que me atrevo a afirmar que el ser humano no será libre hasta que conceptos como éste (y oficios como el de pedagogo) sean desterrados del vocabulario. ¿Creen que exagero? Compruébenlo por ustedes mismos: A estas alturas de la película no hay siquiera un acuerdo sobre su significado. ¿Cómo demonios va entonces a existir un acuerdo sobre cómo hacer eso llamado educar?

Las ciencias puras deben terminar por desterrar teorías de tanto iluminado ñoño hijo de papás sobreprotectores y mantenerlos a ellos y sus teorías lo más lejos posible del alcance los niños, empezando por el inefable afeminado Álvaro Marchesi, muñidor del destrozo educativo español con la inestimable ayuda del Grupo Prisa del ínclito Polanco para destruir el sentido común de los españoles, y todos los inteligentes emocionales y empáticos del planeta. Porque la vida humana y todo lo que existe se mueve entre dos polos, el positivo y el negativo, el 1 y el 0, la partícula y la antipartícula, el + y el –, y eso mismo, repartido de forma desigual, es lo que vamos a encontrarnos todos en la vida, antes o después, con mayor o menor intensidad, en mayor o menor medida y con mayor o menor frecuencia. Sobreproteger a los hijos es la típica respuesta de los desorientados que creen que tienen que ganarse el cariño de sus hijos sirviéndoles los pensamientos y no osando molestarles en modo alguno hagan lo que hagan, originado en un mundo en el que el concepto esposados hasta que la muerte nos separe ha pasado a mejor vida sustituido por el tente-mientras-cobro, por lo que obliga a buscar asegurarse la fidelidad y cariño de los hijos por si vienen mal dadas y es necesario utilizarles contra el otro, estrategia típicamente femenina desde antes de Atapuerca; o porque inteligentes emocionales, se les ha ablandado tanto el cerebro que se enamoran literalmente de sus hijos perdiendo con ello el sentido crítico. En cualquier caso, implica robar a los vástagos la experiencia de la frustración, del dolor, del displacer, resultando que, como la cuota femenina para el socialismo, la humillante discriminación positiva que realmente está diciendo a las mujeres que sin subvención no son nada y que cualquier casquivana incapaz puede ser ministra de un gobierno sinde masiadas consideraciones a la calidad y mérito profesional. Y un niño sin las suficientes experiencias displacenteras es como un triatleta que no sabe nadar: podrá ser el más rápido y resistente en carrera y en bicicleta, pero se ahogará en cuanto el agua le llegue al cuello. Podrá bandearse sin problemas cuando todo vaya bien, pero en cuanto tenga el más mínimo problema se derrumbará, será un inadaptado o un exigente indignado porque la vida no es tan fácil como se la hicieron sus papás cuando era pequeño.

Como diría la pura física sin tener que recurrir al cuento budista del fuerte roble y el flexible bambú (de lo poco que no es para tirar al contenedor de papel reciclado), si usted desequilibra hacia un extremo a una persona durante su periodo infantil, inevitablemente la hace desequilibrada; si la hace muy blanda a base de sobreprotección será como la plastilina: moldeable ante cualquier manipulador y muy débil, como cualquier material, sufrirá por todo y tendrá dificultades para afrontar cualquier tarea como estudiar o hacer los deberes; y de mayor, como ocurre en la realidad empresarial actual, esperarán un jefe mamá que les pase todas sus trastadas como si no hubiesen sido cometidas. Por el contrario, si la hace muy dura a base de entrenarla a soportar mucha frustración, será demasiado adiestrada, con reacciones automáticas sin soporte racional, por lo que puede que le salga un estoico santo o un monstruo de la intolerancia a lo que no encaja con su programación.

¿Existe la receta perfecta? Afortunadamente no, pese a los esfuerzos de bobos y siniestros, porque de existir sería un método igualmente perfecto para convertir la caótica humanidad en entrópico rebaño uniforme gracias al empeño de no hacer diferencias entre unos y otros, pobrecitos los desfavorecidos, acabando por hacer a todos iguales, igual de mediocres, sin personalidades propias y definidas, siempre necesitadas de hacer correcciones en favor de la mayoría vomitada de La Boca de Dios: ¿Dónde va Vicente?. Afortunadamente sí existe la recomendación más juiciosa, que consiste en aplicar las cuatro reglas: castigos positivos y negativos, refuerzos positivos y negativos, cuando realmente sean necesarios cada uno, y no evitar los más desagradables por no perder la aprobación de los hijos, aunque se nos desgarren las entrañas o nos partamos de la risa con sus manipulativas payasadas. En la empresa, el despido libre; o sea, la libre, madura y responsable relación cliente-proveedor entre trabajador y empresario, es la única opción para reeducar a las víctimas de los desmanes de los padres consentidores y las secuelas de la LOGSE antes de que sea demasiado tarde y terminen por expulsar a las personas del mundo laboral. Sólo el despido libre puede asegurarnos la competitividad y productividad colectiva, propiedad emergente de las individuales.

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El Centinela
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25 comentarios

  1. Dicho esto, puede parecer que yo sé exactamente qué es la correcta educación paterna y cual no. NO. Lo que digo es que mientras la educación sea la que el Estado proporcione, impuesta y regulada desde el Estado, la tentación de imponer determinados modelos a fin de “igualitar” a la gran masa de la ciudadanía sólo sería aceptable por aquellos que eduquen o piensen que se ha de educar de una determinada manera, la impuesta por el Estado en ese momento y de acuerdo con sus ideales. Si cambiara, lo mismo estarían en desacuerdo y por tanto no sería la correcta, Por ello, lo importante como hecho social estriba en la capacidad de los ciudadanos de innovar en el proceso educativo y que sea la población la que vaya fijando pautas de comportamiento adecuadas que forjen un patrón que vaya siendo cada vez mas común a dicha sociedad. Es un proceso evolutivo y no fruto de patrones impuestos desde el poder.

    Cheque Escolar Ya.

  2. Pero por eso hay que educar en algún sentido determinado. Imponer una norma desde fuera de la familia puede ser difícil, pero lo que no puede ocurrir es que el no imponer ninguna implique el tener que aceptar por parte de los demás cualquier resultado. Y esto viene a colación por aquello de que a los niños, en los colegios, igualmente se les consiente todo. Y de eso se deriva de que “la educación, tiene como objetivo captar causas y consecuencias, y para ello la disciplina en el conocimiento, el comprender las relaciones sociales de ayuda mutua que se dan dentro del grupo, sobre todo, puesto que la herencia de sangre nos impulsa mucho más a ello, dentro de la familia, tienen como objetivo establecer pautas de comportamientos que faciliten la convivencia.” En un medio determinante para la fijación de la conducta social como es el colegio, el que la disciplina sea la nota dominante, está no ya dejando de corregir los defectos en la educación paterna, sino que precisamente los está fijando.

  3. NO creo que haya que fiarse de la intuición… Hay que proponerse educar. Y la cuestión podría ser entonces en qué educar.

    Me viene a la memoria un programa de esos progres en los que una colección de padres megasuperprogres tratan de educar a sus hijos en el consentimiento más absoluto buscando que, además, sean vegetarianos….. Cuando los niños decidieron que el chorizo estaba buenísimo no tuvieron ninguna autoridad para cambiar la decisión, aunque también sería contradictorio con ello. Pues bien, los niños dormían con los padres, a la hora que quisieran y comían cuando les apetecía. Vivían en el país de Nunca Jamás. En el país de la No Educación.

    Cierto es que en esa comuna no faltaban los coches de gama alta, la calefacción integral y la ropa de marca.

    ¿Sería eso posible en una sociedad en la que la supervivencia pudiera estar en peligro?

    Como dije antes… no creo.

    • @e.Bastiat Si lo dices por mi comentario, no es eso lo que quería decir. Era una anécdota de mi hermano. Para educar puede ayudar la técnica psicológica del moldeado, propuesta por Bandura. Que el niño VEA en su casa los comportamientos acordes con unos principios y valores funcionales. Que los padres sean un ejemplo a seguir, un referente. Padres que no han superado el complejo de adolescente no pueden transmitir otra cosa que inseguridad, inestabilidad emocional, falta de sentido y de comprensión cabal de lo correcto e incorrecto.

      En cuanto al a educación en otras cosas pues, supongo que no es el tema de este debate. Entraríamos en el de la inteligencia general.

      • No Germánico, lo que digo es que lo importante es QUERER educar.

        Y evidentemente que cualquier método puede ser bueno si los resultados son buenos, por eso digo que lo justo es que no se imponga ninguno sino que sea el día adía, lo evolutivo, lo que designe lo que es mejor o peor. Lo inconcebible es un sistema educativo obligatorio que no sólo no propone un verdadero programa educativo sino que ante la ausencia de educación paterna lo que hace es fosilizarlo en los hijos. Si una parte importante de la educación es encontrar la manera de establecer relaciones cooperativas con los demás, lo cierto es que la mejor manera es hacerle a cada uno responsable de sus actos, entonces sí serán adultos maduros y responsables y no eternos adolescentes.

        Y por supuesto, eso de haz lo que yo diga pero no hagas lo que yo haga…. frase que he oído más de una vez, no vale con los hijos, porque una cosa es lo que nosotros activamente les enseñamos y otra muy distinta lo que ellos activamente aprenden. Y de nosotros aprenden mucho… sin que nos demos cuenta.

  4. Buenísimo el artículo y los comentarios suscitados. A mí (que tengo tres hijos) jamás me ha funcionado el método del tal Estivill: está claro que los niños son «entes autónomos» que, dentro de un orden, dormirán cuando estén cansados y comerán cuando tengan hambre. Y punto. El absurdo al que se ha llegado en eso de la educación, aunque parezca ideado por descerebrados integrales, lleva detrás un auténtico programa de «fabricación de imbéciles» capaces de tolerar y aplaudir cualquier género de tiranía. Un saludo

    • @nacaital A mi tampoco me funcionó. Yo lo atribuía a que mi mujer era muy blanda y no aguantaba lo suficiente. Era como aguantar la respiración debajo del agua en la piscina y no tener buenos pulmones. Pero el niño si los tenía el joío, y bien que lloraba. Resultó que la cuna que tenía era un potro de tortura, un poco como imagino serían las del orfanato-guardería estevilliano en las futuras republicas socialistas soviéticas del mundo mundial.

      Está claro, yo me equivocaba, y mi mujer, con su instinto, acertaba. La racionalidad aqui no vale un pimiento, ni los métodos racionales. Hay que fiarse de la intuición. Eso decía el prólogo de un libro de educación que abrió mi hermano. Tras leerlo lo cerró. El resto del libro no merecía la pena.

  5. Jodó, Chrisis, me acabas de dejar planchao. No tengo ni idea de la adscripción político-ideológica del Dr. Estivill, pero si es cierto lo que dices (en la web que enlazas citan a Anna Freud, como sea como su padre… pffftttt), me cisco en su estampa.

    Pero como decía Juan Pablo II: «El mal es tan torpe que siempre acaba generando el bien».

    • @El Centinela A mi me llamó también la atención que citases a Estivill como ejemplo de educador. Me lo imagino perfectamente dirigiendo un orfanato-guardiaría soviética con todos los niños llorando y él en su despacho ignorándolos y creyendo que con ello contribuye a crear al hombre nuevo.

    • 100 % de acuerdo contigo en lo de Freud, aunque para su época tuviera su mérito… pero en todo caso la frase de la cita tiene sentido, que el bebé se sienta reconfortado con la respuesta del adulto a sus necesidades parece una cosa de cajón, y además muchos estudios médicos actuales demuestran que este método provoca inseguridades y rasgos asociales en los niños sometidos a este método.

      Y en mi humilde opinión esto es ciencia basada en el sentido común, nada que ver con la deriva buenista y relativista que indudablemente existe hoy día en la educación de los hijos, y que precisamente incide en la producción de sujetos inseguros.

      • Yo también estoy totalmente de acuerdo contigo. Hace poco leí un artículo que decía que los niños a los que se ponía una lucecita por las noches tenían más tendencia a la depresión. Obviamente es un error metodológico, porque unos padres que ponen la lucecita sobreprotegen el resto del tiempo (yo el primero). @chrisis

        • @El Centinela@chrisis Coño. soy el padre ideal: le apliqué el método soviético Estivill a mi hijo mientras se le clavaban los barrotes de la cuna en las costillas, le ladro cuando pierdo la paciencia, y le pongo lucecita. Esto es…deprimente (yo también usaba lucecita)

  6. Creo que entiendo por donde vas, autor del artículo, pero estas bastante confuso, el doctor estivell este es un super flipetis progre conductista que trata a los niños como si fueran automatas en plan soviético…..

  7. Estaría bien que el logro de los objetivos pudiera ser tan reforzador de conductas como para que todos fuéramos buenos estudiantes, ¿eh, Germánico?, así sería muy fácil. Pero este divino caos es demasiado caprichoso para satisfacer los gustos de todo buenista que se precie, y al final hay que sufrir para sacar buenas notas. Y claro, la Playstation y el tuenti ahí arrasan. Está jodida la cosa. Hoy en día ser buenos padres es una auténtica heroicidad.

    • @El Centinela Si, tiene uno en contra a todo el mundo en el momento en que se pone un poco duro con un niño. Corre el riesgo de ser considerado maltratador (físico o psicológico). Yo procuro razonarle a mi hijo el mayor, el de 6 años, como aconsejan los buenistas, pero de vez en cuando me infla las narices y entonces ya no soy tan simpático ni racional y simplemente me impongo, saliendo entonces la madre en defensa del niño y diciéndome que soy un ogro. je..

  8. Bastiat, yo no he hecho nada con los comentarios, eh?, eso es cosa de los jefes. Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero con los abuelos yo tampoco puedo, eso creo que es imposible, hay que renunciar a lograrlo. Además de los problemas que mencionas, está el de los padres-abuelo, personas que se han dedicado a «vivir la vida» y se ponen a procrear a partir de los 35, cuando ya se han aburrido, como los abuelos de verdad, ya están blanditos. También la ruptura con los valores anteriores con la irrupción de la Transición y el Grupo Prisa a todo meter, que dejó a los padres poco firmes en sus convicciones sin saber qué hacer.

    • @El Centinela No hijo….. Se lo decía a LUIS. Se lo he dicho por feicbuc tambien…..

      De todas formas yo insisto…. Marchesi y prisa, y Rubalcaba, por entonces Secretario de Estado de Educación y el ministro Maravall lo unico que hicieron fue plantar en terreno abonado por el aumento de la riqueza que es el argumento economicista para el caso.

      La falta de necesidad de restringir el consumo limita la capacidad de aguante ante las exigencias de los hijos.

      Y los abuelos, por eso de ayudar y de no tratar de repetir los “errores que tuvieron con sus hijos”, de los que nadie les pide cuentas, como es el caso, …. lo acaban de liar.

      • Pues te aseguro que no se me había ocurrido pensarlo así, y ahora que me pongo a recordar aquella mi época de estudiante de BUP en un país rico y feliz, me doy cuenta de la razón que tienes. Parece claro que cuando las cosas van bien nadie piensa en que pueden ir mal, el sesgo negativo se pone a hibernar y no nos damos cuenta de que a medida que nos preocupamos de la vida muelle, vamos dinamitando las bases mismas de lo que proporciona el bienestar, que no es otra cosa que lo contrario a la molicie: el trabajo y la responsabilidad. @e.Bastiat @el

  9. ¿Y por qué pasa eso? Porque el padre no quiere educar. Pese a lo dicho, educar es formar en la represión de los instintos, si, educar es comprender que el instinto básico del yo para todo, necesita del el otro, y de la aceptación de las circunstancias externas al yo.

    Yo a mi hija le digo muchas veces que la habitación que ocupa no es suya…. es mía. Y que si quiere seguir estando en ella de ocupa o hace lo que yo le digo o va fuera. Difícil es que lo cumpla, pero me acuerdo muchas veces de esa serie de Negros que enseñaban mucho a los blancos, del Dr. Huxtable (The Cosby Show) en el que el padre amenazaba a sus hijos a menudo con ello. Y sobre todo, cuando estaban deseando que todos ellos salieran del nido….. de una puñetera vez.

    En Estado unidos parece que eso también está cambiando.

    Y es que cuando la necesidad no apremia, es más cómodo y fácil no enfrentarse al hijo que el tener que explicarle que lo poco que hay en la mesa es todo lo que va a tener para comer ese día.

  10. En ese proceso social el aprendizaje, la educación, tiene como objetivo captar causas y consecuencias, y para ello la disciplina en el conocimiento, el comprender las relaciones sociales de ayuda mutua que se dan dentro del grupo, sobre todo, puesto que la herencia de sangre nos impulsa mucho más a ello, dentro de la familia, tienen como objetivo establecer pautas de comportamientos que faciliten la convivencia. La convivencia y, como tu muy bien indicas, el saber enfrentarse a la falta, a la frustración, aprender de ella y, sobre todo a aprender a superarla.

    A día de hoy, la frustración es el resultado de no querer dejar el chupete a la edad de cuatro años, a no ser capaz de ir andando cuando se han superado los dos años, a no comprender que la bolsa de chuches hay que pagarla y que no es algo que papa te da porque seas un castigo divino que el padre ha de soportar por no ser capaz de negarle al niño las chuches, de obligarle a ir andando más tiempo o de entender que el chupete, al final, te va a deformar la dentadura…. Espero que los dentistas no me lo tomen a mal.

  11. Estimado Centinela……

    ¡PODRÍAS VENIR A COMER UN FINDE CON MIS SUEEEGROOOSS?

    Bueno. Ejem…. Perdón por el desahogo.

    Si, Absolutamente de acuerdo.

    Pero yo iría aún más lejos.

    La actual generación de padres es el resultado de padres que, de pronto, tuvieron cubiertas muchas de las necesidades básicas. Que en ese momento empezaron a pensar que sus hijos no deberían de pasar por lo que ellos pasaron. Que, a pesar de todo, como el Estado prestaba muchos de los servicios básicos, sobre todo educación sanidad, lo que habría que empezara a hacer es “educar a los hijos”…. Como si ellos fueran el resultado de un sistema bestiario de educación.

    Y resulta que la educación es el resultado adaptativo a la necesidad. No somos capaces de hibernar y hemos de prever que hacer en el invierno. No somos capaces de minorar nuestra sudoración y hemos de pensar cómo conseguir agua cuando hay sequía…. no somos capaces de pelear contra el león en solitario… Mejor hacerlo en compañía. Somos, gracias a todo ello, HOMBRES.

  12. ¿Cómo es que has limitado el tamaño de los comentarios? Cierto que en ocasiones nos pasamos, pero aquellos que como yo nos cuesta ponernos, cuando cogemos el hilo lo que nos cuesta es dejarlo, y segar un comentario escrito con tanto esfuerzo nos frustra bastante….

  13. Somos sistemas diseñados para aprender haciendo y equivocándonos. Yo a mi hijo le digo que no se cabree porque le salga una cosa mal, simplemente que la repita tantas veces como sea preciso hasta que le salga bien. En cuanto al placer de aprender nos lo quitan pronto inculcándonos otros placeres más efímeros como el de no frustrarnos.

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